Inés Granja y Grupo Bahía en Los Andes

La semana del 9 al 13 de septiembre de 2013 se celebró la Semana del Patrimonio en los Andes. OPCA, en su último Boletín—el número 5— trabajó el tema de la música como patrimonio cultural inmaterial, a través de distintos artículos que analizaron algunas comunidades latinoamericanas, sobre todo colombianas, en relación con sus expresiones tradicionales. Con el fin de celebrar la Música como patrimonio cultural y hacerle homenaje a esta temática, OPCA, en asocio con la Decanatura de Estudiantes, invitó a Inés Granja y Hugo Candelario con su Trío Bahía, a presentarse en el auditorio Mario Laserna. 

Inés Granja es una de las más sobresalientes cantaoras del Pacífico quien, además de cantar, compone rumbas, currulaos, jugas y bundes. Ha participado varias veces en el Festival Petronio Álvarez, el festival más importante de música del Pacífico en Colombia, en el cual en los años 2007 y 2010 ha sido galardonada como mejor intérprete vocal.

Inés Granja salió al escenario con su agrupación, compuesta por los percusionistas del cununo y el bombo, el marimbero y una corista con su guasá, una especie de maraca hecha de guadua, llena de semillas secas o piedras pequeñas. Para comenzar tocaron “Los camarones” uno de sus temas más reconocidos. También sonó “Adiós Margaritas”, “Memoria de Justino García”, “Sube la marea” y “Pacífico”, tema que está en proceso de grabación y saldrá en el próximo disco. “Yo me voy a navegar” fue la canción de transición entre la presentación de Inés Granja y Hugo Candelario con su grupo Bahía: Candelario se subió a tocar el “piano de la selva” junto al marimbero de Granja. 

Para terminar Inés dice “todo tiene su final” y así empieza a sonar su canto de boga. El canto es esta vez un motivo para recordar, para contarle a la audiencia cómo surgió la canción. “Tres mujeres salen a pescar en sus canoas y reman con sus canaletes con el primer canto del gallo, como hacían sus ancestros”, así van “bogando, remando y entonando sus cantos, los cantos de boga”.

La tradición oral es un elemento característico en la música del Pacífico. Por medio de las canciones se cuentan historias que pasan de los ancestros a los más jóvenes. Para Hugo Candelario la música también es una oportunidad para narrar sucesos del pasado, sobre todo el que explica el origen de las canciones. Así, durante el concierto toca “La monita retrechera” y él cuenta al público que en Cali, en la 44 con 13, donde ensayaba el grupo Bahía, había una monita que vendía el chance. Un día cuando los integrantes salieron a la calle y ella les dijo que solo bailaba salsa, entonces le compusieron esta canción para que bailara.

Luego de “La monita retrechera” el grupo Bahía tocó “Buenaventura” como homenaje a Petronio Álvarez y para este momento el público ya estaba muy animado bailando. La gente cantó y bailó canciones como “Te vengo a cantar”, “La negra a mí me tumbó” –tema que están grabando en la actualidad–, “Un abosao para despedirse”, “El puente” y un tema de mulataje representado en conjunto con los integrantes de Inés Granja: “Se aprende”.

 No podía faltar una de las canciones más famosas de Bahía Orquesta: “Kilele”, la cual, como es usual, tiene una historia detrás. La agrupación de Candelario fue a Kenia, Nairobi y todos los días que estuvieron allí, en las mañanas, a las seis, llegaba un pájaro a despertarlos. En el desayuno conversaron sobre esto y cada quién interpretó el canto del pájaro a su manera. Uno lo cantó como un bunde, otro como son; cada uno de los integrantes hizo una versión. Un kilele es como un bunde, y este tiene el poder de reunir a la gente a cantar y bailar. Por eso esta canción terminó por convertirse en el bunde kilele, un porro chocoano que siempre pone a bailar a quienes lo oyen, como sucedió en la Universidad de los Andes donde la gente bailó sin parar hasta el final.