Boletín OPCA No. 7 - El presente cultural y turístico en Isla de Pascua
Departamento de Antropología, No.7, 82 p.
ISSN 2256-3199, junio de 2014 
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El presente cultural y turístico en Isla de Pascua

Roberto Concha M.

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Licenciado en Antropología de la Universidad de Chile, Magister en Gestión del Patrimonio Cultural y candidato a Doctor en Gestión de la Cultura y el Patrimonio, Universitat de Barcelona.

portada© Roberto Concha M.

Resumen

El siguiente artículo da cuenta de las impresiones del autor, a partir del trabajo de campo realizado en Isla de Pascua, entre la última semana de enero y la primera semana de abril del año en curso. Es parte de la investigación doctoral titulada “Mercantilización turística y resiliencia cultural en Isla de Pascua: Vida Social de la Tapati Rapa Nui”, en el marco del Doctorado en Gestión de la Cultura y el Patrimonio, que imparte la Universidad de Barcelona. Como conclusiones preliminares podemos señalar que los rapanui, pese a convivir con pautas de comportamiento propias de la modernidad, muestran una gran vitalidad en su identidad cultural y en su relación con las tradiciones. En el artículo analizamos muy brevemente algunos factores que están favoreciendo esa reproducción cultural, entre los que se encuentra el turismo, para luego revisar las características de ese turismo que favorecen una visión positiva sobre este, desde la perspectiva de la población. Finalmente, mencionamos algunas deficiencias, desafíos o puntos pendientes del modelo de gestión turística que está operando en la Isla.

Pasado y Presente en Rapa Nui

stopLetreros como éste dan cuenta de la irritación que produce entre los rapanui el exceso de continentales en la isla.
©Roberto Concha M.

                                        

 Rapa Nui (Isla Grande) es un pequeño continente de 106 km² en medio del Pacífico, poblado desde hace 1200 años (Steadman et al., 1994). Ha llamado la atención de viajeros e investigadores, especialmente por los moai, gigantes de piedra esculpidos por una antigua civilización.

Se ha difundido la idea de que esa civilización se extinguió como consecuencia de guerras internas derivadas de un colapso ecológico. Lo cierto es que los rapanui son un pueblo vivo que se proyecta al futuro, mostrando una asombrosa capacidad de resiliencia frente a los duros embates que ha sufrido de manos del hombre y la naturaleza, como el agotamiento de recursos naturales, la rebelión social, campañas esclavistas y el atropello de agentes colonialistas.

Después de casi desaparecer a fines del siglo XIX, el pueblo rapanui comenzó a recuperarse y en la década de 1960 ya contaba con alrededor de 1300 personas (Santa Coloma, 2001), sin embargo, éstas permanecían recluidas en una mínima porción de la Isla, viviendo en condiciones muy precarias. El Estado de Chile estaba presente básicamente a través de una pequeña dotación de la Armada, mientras que una misión católica ofrecía instrucción y caridad a la población. En 1966 fue promulgada la llamada Ley Pascua, que reconocía derechos a los isleños como ciudadanos chilenos, además de otorgarles ciertos beneficios en materia jurídica y tributaria. Como primer resultado de esta ley, se instalaron en la Isla la Administración y los servicios públicos, lo que implicó la llegada de aproximadamente 700 personas desde el continente, entre funcionarios, obreros y sus respectivas familias.

La mayor presencia del Estado tuvo un impacto inmediato en la infraestructura de la isla y en la calidad de vida de la población, mejorando el acceso a alimentación, educación, salud, bienes, así como la conectividad dentro de la isla y hacia el exterior. La construcción de una pista de aterrizaje permitió que en 1967 comenzaran a llegar vuelos chárter a la isla, llevando mensualmente grupos de turistas extranjeros. Antes de eso, sólo arribaban turistas aventurados que debían costear onerosos viajes de manera particular en los buques de la Armada de Chile o en expediciones que recalaban en la Isla. Ya en los años ’70, comenzaron a llegar cruceros oceánicos. Todo esto significó para los rapanui una repentina convivencia con modos de vida propios de la modernidad.

  
competencia

Competencia de nado con flotador de totora (pora) en el mar.

©Roberto Concha M.

Desde 1967 hasta el presente se ha multiplicado por tres la población residente, llegando a casi 6000 personas (mitad rapanui y mitad continentales), a la vez que el turismo tuvo un crecimiento exponencial. Hoy en día hay en Rapa Nui una presencia constante (poco estacional) de gran cantidad de turistas (poco menos de 100.000 al año).

Los rapanui (al igual que los demás residentes) están concentrados en un pequeño poblado llamado Hanga Roa y sus alrededores. Dedican su tiempo a mantener algunos cultivos, pescar, elaborar artesanías (en madera, piedra, fibras y conchas) y objetos de arte, para ofrecer sus productos así como servicios a los turistas (arriendo de cabañas, caballos o vehículos, servicio de taxi y guianza, transmisión de conocimiento tradicional, alimentación, actividades de pesca y buceo; o como empleados, músicos, bailarines, instructores de surf, etc.). Cuentan con bastante tiempo de ocio, destinado a actividades recreativas y sociales, con familiares y amigos. Las actividades recreativas están muy relacionadas con los deportes, especialmente acuáticos.

La mayor parte de los terrenos de la isla es propiedad fiscal declarada Parque Nacional (área protegida) en 1938, lo cual no ha impedido que familias rapanui tengan allí animales (caballos, vacas), ya que mantienen un sentido de propiedad sobre toda la isla. En 1995 el parque fue incluido en la Lista de Patrimonio Mundial de UNESCO.

La mayoría de los bienes que consumen los isleños deben ser transportados desde el continente, por lo que cuestan más del doble que en Santiago. Sin embargo, es común escuchar en la isla que allí no hay personas pobres. Las familias más austeras cuentan con tierra, animales, equipos tecnológicos, viajan, tienen cubiertas sus necesidades y disponen de trabajo y tiempo libre. A su vez, todos los predios privados de la isla tienen como  propietarios a personas rapanui[1]. Dichos predios no pueden ser vendidos ni cedidos a personas foráneas, pues la ley 19.253 (de 1993) prohíbe la enajenación de tierras indígenas.

Por otro lado, pese a la enorme presencia de foráneos en la Isla y a las presiones de aculturación ejercidas por los medios de comunicación, el turismo y el uso del castellano como lengua oficial, los rapanui han logrado mantener un idioma propio (INE  Valparaíso, 2013) así como una gran vitalidad en sus expresiones artísticas.

Quienes visitan la isla valoran positivamente encontrar en ella una cultura viva[2], que se expresa no solo en las representaciones artísticas sino también en la cotidianidad. Los escépticos podrían pensar que esa continuidad cultural rapanui percibida es en realidad una puesta en escena cuyo sentido se agota en la contraprestación económica, pero más bien parece que los rapanui se re-apropian de sus tradiciones por una suerte de orgullo étnico. ¿Cómo lo logran?

 himno
Niños cantan himno Rapa Nui en uno de los colegios de la Isla.
©Roberto Concha M.
  

Dinámica cultural

Los rapanui se muestran hoy en día orgullosos de sus particularidades como maohi (ser polinésico), y mantienen una relación con su pasado y su tradición, pese a los cambios derivados del contacto con otras culturas y la modernidad. Esta capacidad de resiliencia de la identidad cultural rapanui se sustenta, en primer lugar, en un modelo educativo creado en la isla, donde los estudiantes rapanui optan por una inmersión en la cultura y el idioma de sus ancestros. En el colegio aprenden cantos, bailes, deportes, juegos y otras actividades tradicionales, así como la cosmovisión en que se enmarcan. Deben generar distintas presentaciones a lo largo del año en relación con las tradiciones de la isla, lo que implica recopilar información de sus mayores. La presentación final ocurre en el Día de la Lengua (noviembre), cuando los estudiantes hacen su interpretación ante sus familias.

Otro factor que refuerza la conexión de los rapanui con sus tradiciones es la Tapati Rapa Nui (Semana Rapa Nui). Se trata de una festividad realizada cada año durante la primera quincena de febrero, en la cual se involucra gran parte de la sociedad local y los turistas[3]. Cientos de rapanui compiten en diversos rubros, artes y deportes tradicionales de su pueblo, para respaldar a una candidata a reina de la Tapati. Las competencias (más de 50) están dirigidas a niños, jóvenes, adultos y ancianos, hombres y mujeres, aunque las competencias de adultos y de hombres son las más abundantes. En varias pruebas compiten las candidatas a reina (2) y sus respectivos acompañantes, debiendo mostrar (entre otras cualidades) un manejo integral de tradiciones rapanui. La formación que reciben niños y jóvenes en sus colegios los prepara para participar en la Tapati, aunque esto no basta. Deben además convertirse en cultores experimentados de las distintas disciplinas, lo que implica mucha práctica y aprender de maestros. También compiten los principales conjuntos artísticos rapanui existentes en la isla, los cuales respaldan a una u otra candidata.

    reinado

Una de las candidatas a reina de la Tapati en carro alegórico.
©Roberto Concha M.

Un tercer elemento que favorece la continuidad de las prácticas tradicionales rapanui es que la preparación de los jóvenes como atletas de alto rendimiento en deportes acuáticos (nado, buceo, canotaje, surf) les permite participar en competencias a nivel internacional, lo cual es una importante motivación.

Por último, otro factor que contribuye a la resiliencia de la identidad cultural rapanui es el turismo, ya que los jóvenes instruidos en las artes tradicionales así como los conjuntos artísticos, cuentan con público durante todo el año, el cual ensalza la calidad de las presentaciones y constituye una importante fuente de ingresos. Por su parte, los pescadores y agricultores venden sus productos a los turistas, además de destinarlos al autoconsumo.

Modelo Turístico en Isla de Pascua

En Rapa Nui parece no haber detractores del turismo. Los diversos líderes de la isla, así como el común de las personas, señalan que el turismo es favorable y necesario[4]. ¿Por qué esta unanimidad respecto del carácter positivo del turismo?

En primer lugar, porque existe la percepción de que el turismo beneficia a todos los rapanui. Los servicios turísticos que se ofrecen en la Isla operan en lugares que pertenecen a personas rapanui. Estas pueden arrendar esos lugares para que operen allí distintos tipos de negocios; pueden asociarse con un inversionista foráneo interesado en Invertir-Explotar-Traspasar (el socio rapanui a largo plazo se queda con la inversión); o pueden invertir por sí mismas y ser dueñas del negocio[5]. En consecuencia, al menos una parte de los beneficios generados por todas las empresas turísticas que operan en la isla queda en manos de rapanui. Por otro lado, existe una estrecha cooperación entre parientes (hasta tercer grado) y amigos para ofrecer servicios complementarios a los turistas menos institucionalizados, que no llegan a hoteles ni compran paquetes turísticos. Esto genera una redistribución de beneficios.

En segundo lugar, porque hay control social respecto de cómo opera el turismo a nivel local. Las personas rapanui que controlan o tienen incidencia en las empresas turísticas, al ser vecinos e integrantes de la comunidad local, son receptivos al sentir de la población con la que conviven. El resultado es que no se implementan construcciones ni servicios que puedan generar rechazo. Asimismo, los propios rapanui controlan enérgicamente que los turistas no afecten los sitios arqueológicos, ni dejen basura en espacios públicos; así como que sólo personas autorizadas ofrezcan servicios que implican la transmisión de lo ‘auténtico’ (presentaciones de música y baile, guianza, producción de artesanías).

En tercer lugar, contribuye a la buena percepción del turismo el hecho de que gran parte de la oferta turística existente en la isla ha sido diseñada e implementada por los propios rapanui. Sus emprendimientos no responden a programas y directrices establecidas por instituciones foráneas, sino a su propia intuición y creatividad. Es cierto que cuentan con el soporte de instituciones públicas presentes en la Isla, pero estas también son encabezadas por personas rapanui. Especial relevancia tiene el Municipio, institución que coordina y gestiona los fondos para que se realice año a año la Tapati, aunque son las propias familias rapanui las que hacen el mayor aporte de trabajo y contenido en esta fi esta, motivadas por la competencia y el prestigio.

 hakapeiUn rapanui se lanza por ladera de cerro sobre tronco de plátano, en la competencia Haka Pei.
©Roberto Concha M.

turistasTuristas integrados al desfile de la Tapati Rapa Nui.
©Roberto Concha M.

 

ensayo

Ensayos de conjunto de adultos para la Tapati Rapa Nui.
©Roberto Concha M.

  

Problemas pendientes

El turismo en Isla de Pascua depende en gran medida de las campañas de LAN para incrementar el número de pasajeros, ya que esta compañía tiene el monopolio de los vuelos a la isla. Por su parte, los rapanui quieren visitantes interesados en la cultura, que cuiden el patrimonio y utilicen los servicios (menos turistas y de mejor calidad) dado que la isla constituye un ecosistema sumamente frágil. A su vez, se quejan de que LAN se lleve la tajada mayor de las ganancias que deja el turismo, mientras los impactos negativos quedan en la Isla.

Por otro lado, falta un plan estratégico que regule las acciones que se van tomando en torno al turismo, de tal modo que no se supere la capacidad de carga de la isla. Desde hace años se está tramitando un estatuto espacial para Rapa Nui, que permita realizar un control migratorio para evitar que los turistas se queden como población flotante, sin embargo, la iniciativa no prospera.

Por último, se ha planteado como crítica que algunos empresarios turísticos rapanui han acumulado cuantioso capital y tierras, distanciándose del resto de la comunidad. Esta, a su vez, intenta restablecer una simetría social a partir de la equiparación de pautas de consumo. Como consecuencia, se percibe que el conjunto de la sociedad rapanui se está

“metalizando”, en el sentido de que cada vez más espera un pago por su esfuerza o su tiempo, ya que el dinero permite la adquisición de bienes. La expresión más visible de esto es la proliferación de autos entre los rapanui, muchos de ellos de muy alto valor.

Referencias Citadas

Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato. 2008. Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas. Santiago de Chile: Comisionado Presidencial de Asuntos Indígenas.

Cristino, C.; A. Recasens, P. Vargas, E. Edwards y L. González. 1984. Isla de Pascua. Procesos, Alcances y Efectos de la Aculturación. Isla de Pascua: Instituto de Estudios de Isla de Pascua, Universidad de Chile.

Fischer, H. 2001. Sombras sobre Rapanui, Santiago de Chile: LOM.

INE Valparaíso. 2013. Boletín Grupos Etarios, Censo 2012. http://www.inevalparaiso.

cl/archivos/files/pdf/Censo2012/Boletin%20Grupos%20Etarios.pdf

(consultado el 14 de abril de 2014).

Steadman, D., Vargas P. & Cristino, C.. 1994. “Stratigraphy, Chronology and Cultural Context of an Early Faunal Assemblage from Easter Island”. Asian Perspectives – Volume 33, Number 1 (Spring), pp. 79-96.


[1] Sólo hay un terreno que fue indebidamente vendido por el Estado a un privado.

[2] Encuesta aplicada a turistas a mediados de febrero de 2014.

[3] La Tapati es una suerte de carnaval que permite el encuentro entre los distintos habitantes de la isla y los turistas, todos los cuales tienen espacio para participar en grupos de baile o en el desfile, vestidos como rapanui.

[4] En múltiples conversaciones llevadas a cabo durante el trabajo de campo en la isla, ningún entrevistado se refirió al turismo como algo negativo, aunque sí hay diversas visiones respecto de lo que se debe mejorar, lo cual expondremos al final del artículo.

[5] Los rapanui pueden acceder a capital mediante crédito; mediante subsidios estatales; mediante venta de animales y tierras; y/o mediante trabajo. Una importante inyección de dinero a la sociedad rapanui se generó a partir de la filmación de la película Rapa Nui, producida por Kevin Costner. Durante el rodaje se gastaron 20 millones de dólares en la isla, lo cual fue capitalizado por numerosos isleños.

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